2013 CAPÍTULO I.- LA III GUERRA MUNDIAL

            Nadie se pone de acuerdo en la fecha exacta de la III Guerra Mundial y de hecho no hubo una fecha exacta, sino una correlación de sucesos que hizo que un buen día, una serie de colectivos de distintos países europeos, se diera cuenta de que nuevamente, Alemania, había iniciado una guerra.

            En el segundo semestre del año 2011, la mandataria alemana, Angela Merckel y sus generales del Banco Central Europeo, lanzaron una OPA hostil sobre los países de la Unión Europea. Tras los dos fracasos que Alemania cosechó en el siglo XX en su intento de dominar Europa, esta vez los “Mercados” sustituyeron a los cañones y algunos mandatarios europeos colaboracionistas, se convertirían en los nuevos líderes del IV Reich alemán.

Los expertos fecharon en junio del 2012 el inicio de la guerra. Muchos y muy importantes fueron los sucesos acaecidos ese mes, desde que el 28 de mayo de ese mismo año, la Canciller alemana propusiera como requisito indispensable e innegociable, para rescatar a la mayoría de países de la vieja Europa, la sustitución del euro por el marco, y que los Ministerios de economía fueran controlados por el gobierno alemán.

Inglaterra abandonó la Unión Europea al día siguiente y a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, manifestó su inquietud ante lo que denominaba “Caudillaje germano” y su manifiesto de firmar un tratado de libre asociación con EEUU.

Francia, en la primera semana de junio quedó partida en dos. La Francia Norte, presidida por el saliente Nicolás Sarkozy, colaboracionista con Alemania y la Francia Sur o Mediterránea, también denominada Francia Libre, presidida por el entrante Holland.

Italia y Portugal se adhirieron a la iniciativa promovida por Grecia, de la UPM (Unión de Países Mediterráneos) abandonando así la Europa Alemana y plantando cara a las amenazas de bancarrota, pobreza y aislamiento que se lanzaban desde Berlín.

El resto de países dudaban que hacer, alinearse, volver a su estadio antiguo de independencia económica, solicitar la asociación a la UPM, o agruparse en nuevas Uniones que les permitiera sobrevivir sin claudicar ante Alemania.

¿Y España?

La postura del Gobierno de Mariano Rajoy fue de servidumbre total ante Alemania. No esperaba una férrea oposición interna de un país cuyo paro se cifraba en el 32% y donde uno de cada tres habitantes estaba muy por debajo del umbral de la pobreza. Se equivocaba.

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