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Desgranando el 23F XIII,conclusiones

Jesús Palacios desveló en su libro El golpe del CESID, una conversación mantenida por un general, durante una audiencia del Rey, y desvelada por el propio general que prefirió mantenerse anónimo, en ella este general le preguntó por la situación de Armada, y este le contestó: “Fíjate que al principio le consideré el cerebro del golpe y hoy en día sé que le utilizaron”. ¿Quién le utilizó? Ese no pudo ser otro que Fraga, amigo personal de Armada, pero no tan bien visto por el Rey, sabedor de eso utilizó a Armada para influenciarle en cuanto supo que el Rey estaba disgustado por la situación creada por Suárez. Tenía la mejor de las herramientas en sus manos: el CESID, y una ambición por el poder inconmensurable. No soportaba su papel de secundario en un escenario donde el electorado le había dado la espalda. Esa ambición la reconoció en Felipe González, joven y capaz de todo, como había demostrado al hacerse con el papel principal de los socialistas, muy divididos en aquel entonces, logrando el decisivo apoyo de los socialistas alemanes. El poder de oratoria de Felipe quedó de manifiesto cuando barrió a Suárez en la moción de censura que presentaron, que no tenía otro objetivo que hacer mostrar a González en la mejor de sus salsas. Fraga se dio cuenta y no dudó en sumarles a sus planes, y estos aceptaron porque no querían desaprovechar cualquier oportunidad de coger un pedazo de poder. Cuando se produjo el golpe de estado la mayor parte de los diputados sabían que se iba a dar un golpe de estado. Probablemente más de uno lo había oído pero no se lo había creído, tal vez solo unos pocos conocían los detalles de lo que iba a suceder. Los que no sabían nada se quedaron interpérritos, como Carrillo, otros reaccionaron como lo que eran, pero la mayoría no hizo nada porque lo que habían escuchado en los corrillos se cumplió, y se cumplió sin que nada saliera como estaba previsto, y esto es lo que hizo asustarse a más de uno, y a otros como Fraga, a desesperarse viendo que Armada no entraba. Este juicio nunca se celebró. Se condenó a los militares utilizados, pero los políticos, una vez más salieron de rositas. Después de todo se cumplieron la mayor parte de los objetivos. No el de crear un gobierno de salvación nacional, pero sí el de fortalecer la imagen del Rey y de la corona, y de la democracia y, por supuesto, quitarse del medio a todos los militares con afanes golpistas o antidemocráticos. Y por eso no se investigó más la trama civil, investigarla hubiera servido solo para cargarse a todos los partidos políticos, y por lo tanto a la recién nacida democracia. Y esa clase política sin escrúpulos, que amparó al GAL, que creó la falsa burbuja inmobiliaria que nos lastra hoy en día, que falseó los números (igual que los griegos) para entrar en el euro, esa clase política capaz de albergar un golpe de estado, es la que nos gobierna.

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Desgranando el 23F XII, juicio

Solo 23 militares fueron enjuiciados por el caso del 23F. Los historiadores que han recabado información directa sobre los protagonistas de aquel juicio celebrado en Campamento coinciden en la voluntad del Rey de que se encausara a los menos posibles. Por eso, de los más de cuatro mil implicados de una manera u otra, solo se juzgó a unos pocos, a los inevitables. Solo un civil fue procesado, García Carrés, falangista y antiguo parlamentario con Franco, amigo personal de Tejero, al cual ayudó en los preparativos y con quien mantuvo algunas de las conversaciones telefónicas desde el congreso que han salido a la luz en la prensa. Todos los que estudian este capítulo de nuestra historia coinciden en admitir que la trama civil fue mucho más amplia, pero no hubo voluntad de investigarla, por calado político de sus protagonistas, sin olvidar a algunos de los más altos gerifantes de la prensa. Dos mienbros del CESID fueron también enjuiciados. Tejero se negaba a desvelar todo lo que sabía, pero sus ganas de encausar a José Luis Cortina podía hacer que su amigo Gómez Fuentes fuera enjuiciado y encarcelado, como así fue finalmente. Tejero al final no tuvo más remedio que hablar de lo que sabía sobre el CESID, pero Cortina tenía ya preparadas todas las coartadas y salió absuelto… Casi todos los militares enjuiciados trataron de defenderse involucrando el Rey como impulsor del golpe. Pero solo uno podía aportar pruebas, y ese era Armada, el único que había mantenido conversaciones directas con él sobre la posible acción militar. Mas Armada fue fiel a su “hijo” y a la monarquía y negó todas las acusaciones que se hacían sobre él. Debido a eso Milans trató de agredirle a la salida de uno de las sesiones, y parece ser que el viejo le dio una buena… además de llamarle hijo de… Para tener una excusa ante su examigo solicitó públicamente a la Zarzuela poder desvelar una de las conversaciones que había tenido, sabiendo que Zarzuela se negaría, como así fue, y de esa manera calló todo lo que sabía. Sin embargo, el juez fue benévolo con él y con casi todos los enjuiciados, ya que solo les cayeron seis años… un recurso del gobierno de Calvo Sotelo aumentó las penas a 30, pero seis años después… los socialistas les indultaron a todos… excepto a Tejero como castigo a su cabezonería que casi da al traste con todo, y a Milans que no solicitó ni quería, por orgullo, un indulto, y murió en la cárcel lleno de amargura y sin desvelar todo lo que sabía, que a la postre no era lo más fundamental. Los coroneles que previamente al 23F habían preparado un golpe, y que no estaban involucrados en el 23F, con previsión de fusilamientos, fueron encarcelados y enjuiciados en un caso totalmente olvidado hoy en día. Hoy en día Tejero y Armada disfrutan de la libertad y de su vejez. Felipe González dijo en una ocasión que España no estaba preparada para saber toda la verdad sobre el 23F, y seguramente es verdad…

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Desgranando el 23F XI, fin del golpe

De madrugada se vivió una tensa espera con un fin ya conocido: el fracaso del golpe. Muchas leyendas circulan sobre estas horas, guardia civiles borrachos otros que huyen o se unen, maletines que desaparecen, pintorescos personajes que entran y salen como Pedro por su casa, José María García retransmitiendo el golpe desde un coche cerca del congreso como si de un partido de fútbol se tratara, conversaciones telefónicas grabadas por el CESID. Dentro del congreso los políticos más odiados por Tejero: Suárez, Gutiérrez Mellado, González, Guerra, Carrillo y alguno más, son separados del resto y vigilados estrictamente, ellos se temen lo peor. En la Zarzuela el Rey da por finalizado el Golpe de Estado y ordena a Milans, por primera vez desde que comenzó la intentona, que retire los tanques y el bando, Milans obedece de inmediato, como lo hubiera hecho si hubiese recibido esa orden nada más comenzar el Golpe, pero es que no se le ordenó eso. Fraga por la mañana se desespera y baja los escalones abriéndose la chaqueta diciendo que le disparen, un par de pelotas de su partido hace lo mismo. Se llevan a Fraga aparte y este consigue lo que busca: quedarse a solas con Tejero y le pide que deje entrar a Armada… una vez más se demuestra hasta qué punto estaba involucrado Fraga. Esta conversación fue desvelada por el propio Tejero en la cárcel, antes de ser juzgado, a Pilar Urbano que logró una breve entrevista, la única, que apenas llegó a unas pocas preguntas. Sin embargo todavía nadie ha investigado por qué Fraga sabía que Armada debía entrar en el congreso. Es cuestión de horas y de formas que el Gope termine. Sobre Pardo Zancada se intenta un primer acercamiento que es rechazado, más tarde lo volverá intentar un íntimo amigo y se pactan los términos del “Pacto del Capó”, que Tejero acepta y donde se fija que los guardias civiles y suboficiales no recibirán castigo, las formas y lugares donde serán detenidos el resto, de Capitán para arriba. Pacto que Tejero exigirá que sea firmado por Armada, una forma de involucrarle sin delatarle directamente. Todos serán detenidos de inmediato en sus respectivos cuarteles. En el caso de Alfonso Armada lo será un par de días después, seguramente cuando el Rey escuchó todas las conversaciones telefónicas que el CESID grabó y que demostraban hasta qué punto el abuso de confianza le había llevado a una traición, o que así lo sentía el Rey o que esa era la mejor manera de salir del lío en que se había metido por dar alas a quien no debía. Esas conversaciones grabadas se supone que existen, y algunas han ido saliendo, como las de Tejero o su mujer, pero la mayoría no y nadie sabe ni donde están. Se supone que el juez instructor del caso las escuchó, pero es una suposición. Suárez también las escuchó y algunos apuntan a que tiene una copia, pero es que este hombre ha perdido la memoria… Hasta que no salgan seguirán existiendo muchas lagunas.

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Desgranando el 23F IX, capitanes generales

Uno de los misterios es por qué tardó tanto el Rey en salir en antena condenando el golpe de Estado. La mayor parte de la tarde y comienzo de la noche pasó en conversaciones con los diez capitanes generales, y estos entre ellos. Quintana Lacaci llevó una relación de las diferentes posturas y es un documento valiosísimo para comprender lo que sucedió. Todos sin excepción se pusieron a las órdenes del Rey, pero con matices. Uno de los aspectos más curiosos es que Milans no recibió en ningún momento la orden del Rey de retirar los tanques y el bando, hasta bien entrada la madrugada. Cuando hablaron Milans se puso a las órdenes del Rey y le contó las medidas que había tomado y al Rey le pareció bien… Cinco capitanes generales estaban previamente contactados por Milans para que se sumaran al golpe, pero a la hora de la verdad no lo hicieron y prefirieron esperar a ver cómo se sucedían los acontecimientos. Uno de ellos estuvo varias horas sin poder ponerse el teléfono por estar ébrio, mientras que otro se escondió en un restaurante de Granada para ver la televisión y escuchar la radio. Solo dos se pusieron de parte del Rey de manera incondicional, Lacaci en Madrid y Gómez del Yerro en Canarias, pero este no aceptaba a Armada como presidente de un gobierno de salvación nacional… porque después de todo de esto es lo que hablaron durante toda la tarde sin llegar a un acuerdo definitivo y eso es lo que retrasó la comparecencia del Rey, pues el riesgo de fractura e incluso de guerra civil era patente. Finalmente se llegó a un acuerdo de mínimos, y aunque las posturas eran diversas, aceptaron que fuera el congreso quien decidiera o no sobre el gobierno de salvación nacional. De esta manera llegó la oportunidad de Armada de entrar en el congreso, si bien lo consiguió con la condición de que lo hiciera a título personal y sin poder utilizar el nombre del rey como respaldo de su posición, pero a la postre, se produciría la postergada llegada de Armada al congreso. Mientras, el Rey se dispuso a grabar su mensaje televisado. Su excusa de la tardanza estuvo en que Radiotelevisión española estaba tomada por los militares, pero la verdad es que quedó liberada muy pronto. La cruda verdad es que tardó mucho, y nunca totalmente, en tener el respaldo de los capitanes generales.

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Desgranando el 23F VIII, zarzuela

Alfonso Armada había dicho a los golpistas que lo primero que haría el Rey sería llamarle a él, y a los quince minutos estaría en el Palacio de la Zarzuela dando órdenes. No iba desencaminado. Juan Carlos hacía deporte en el momento del golpe de estado. Cuando es informado de lo sucedido se cambia y se viste de gala. A Sabino esto le sorprendió: ¿A donde pensaba ir? ¿Al congreso? El Rey vio la cara de sorpresa de su secretario y le preguntó si se cambiaba. Éste le dijo que no hacía falta, pero esta y otras dudas de un puzzle incompleto le quedaron para siempre al general. No había tiempo para más, los teléfonos ardían. El Rey se dispuso a llamar al JEME, mientras Sabino atendía la llamada del general Juste. Éste se había sumado al golpe, con alguna bacilación y dudas, después de que sus oficiales, minutos antes del golpe, le informaran de la situación. Por eso permitió la salida de unidades para que tomaran algunos puntos de la ciudad, como Radiotelevisión española. Una de las cosas que le habían dicho es que en la Zarzuela estaría Armada dando órdenes. De ahí que llamara y le preguntara al Secretario Real por Armada, en ese momento el General de Intendencia se dio cuenta de que el golpe de estado gravitaba sobre Armada y contestó su famosa frase: Ni está ni se le espera. Colgó el teléfono y se precipitó al despacho del Rey donde éste hablaba ya con Armada diciéndole que viniera a palacio, pero ante la insistencia de Sabino colgó. El Rey se debió quedar a cuadros cuando su secretario, que no sabía nada sobre los planes golpistas, le demostraba que Armada estaba detrás de todo. El Rey sabía que se iba a dar un golpe de estado. Pero todo estaba saliendo mal. Tejero había entrado entre peleas y tiros y alguien ajeno a los planes se había dado cuenta de quien era el máximo organizador, alguien en quien confiaba y no debía animar ningún golpe, en todo caso reconducirlo. La corona sobre la cabeza de Juan Carlos peligraba. A esas alturas él ya no necesitaba un golpe de estado, pero sabía que el haber animado a los militares podía tener un precio, y estaba dispuesto a seguir la mesa tal y como se la servían, pero la sombra de su abuelo se alargaba. De todas formas la maniobra de Sabino no cambió los planes, solo los retrasó, al final Armada se salió con la suya.

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Desgranando el 23F VII, golpe de estado

El 23 de febrero Tejero es un manojo de nervios. En el cuartel general de montaña, rodeado de sus fieles capitanes, se convoca a todos los guardia civiles disponibles en ese momento. La mayoría no saben quien es ese señor de bigote que grita tanto tan cabreado. Les exhorta a que suban a los autobuses porque  ETA ha secuestrado el congreso de los diputados y España está en peligro. Nadie se mueve. La intervención de Gómez Iglesias, agente secreto del CESID, es providencial y su arenga sí tiene éxito y los guardia civiles se precipitan a los autobuses. Los conductores de dichos autobuses también son agentes secretos del CESID, así como los vehículos que les rodean, perfectamente camuflados y que nadie distingue de cualquier otro coche. Llegan sin incidentes al c0ngreso y los policías nacionales que allí guardan el edificio se quedan patidifusos y sin reacción viendo cómo sus compañeros les desarman y se apoderan de sus puestos. Tejero vive su momento de gloria, con el que tanto había soñado, se adelanta a todos y entra solo al hemiciclo, pistola en mano. Sube los escalones de la tribuna de oradores y dice sus famosas palabras. Nadie le hace caso. Se oye ruido y entran sus compañeros. Amenazas, bronca, conato de pelea, a alguien se le escapa el gatillo, disparos. Nada está saliendo tal y como se había fijado por las brillantes mentes organizadoras del CESID. Los diputados se han tirado al suelo asustados, algunos porque no tenían ni idea de nada y siguen a la masa, y la mayoría, que sí sabían perfectamente lo que iba a suceder, porque ese no era el guión escrito y empiezan a sentir terror del monstruo creado por ellos mismos. Pero hay tres personajes que se salen del guión. Gutiérrez Mellado, ministro de defensa, que sí sabía que se organizaba un golpe de estado pero que no creyó a Armada, porque siempre pensó que el ejército nunca desobedecería la escala de mando. Suárez, perfectamente informado de los movimientos de los militares pero que pensaba que con su jugada de la dimisión desbarataba los planes golpistas. Y Carrillo, el menos informado de todos, templado por la guerra civil y el asedio de Madrid, pero que aún no es consciente de la traición que algunos miembros de su partido, Tamames y Turá, han llevado a cabo sumándose a los planes de Fraga. A los diputados se les dice que en media hora se presentará la autoridad que dispondrá lo que haya que disponer. Armada había dicho a todos que en quince minutos estaría en la Zarzuela. Pero alguien, también fuera de guión, se interpondrá en los planes prefijados: Sabino Fernández Campo.

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Desgranando el 23F VII, se precipita el golpe

Alfonso Armada se presentó en la Zarzuela por motivo de su nuevo puesto en Madrid como segundo JEME. Le dijo que se estaba preparando un golpe de estado, pero el Rey ya no quería saber nada de anteriores planes. Confiaba en Armada para que, desde su nuevo puesto, fuera capaz de detener esas ansias golpistas. Le dijo que informara al ministro de defensa. Gutiérrez Mellado se indignó con Armada y le ordenó a gritos que no volviera a meterle al Rey semejantes ideas en la cabeza. Armada obedeció, dice en sus memorias, pero también confesó que durante un acto militar, en un breve aparte, volvió a informar al Rey sobre la inminencia del golpe. El Rey contestó lo de siempre, si hay un golpe de estado hay que reconducirlo. De esta manera Armada sintió que le daba el espaldarazo que necesitaba. El CESID, por medio de José Luis Cortina, entró en acción, y en una escena de película contacta con Tejero y le da los detalles del golpe que dará, y le cita para un entrevista con Armada. Tejero informa a Milans, el cual no sabe nada aún, pero Milans le dice que no se lance que aún se están poniendo las piezas, Tejero contesta que esto ya no lo puede parar. Milans le responde que si se lanza le respaldará tal y como estaba previsto. Más tarde Milans se pone en contacto con Armada y aclaran la situación. La habilidad confusionista del CESID logrará que Tejero no recuerde el número de la calle donde se reunió con Armada, así como otros muchos detalles. Verá a Armada entre tinieblas, y éste le repite lo mismo que Cortina: el golpe será blando, incruento, sin peleas ni tiros… esperará a un militar que con la contraseña Duque de Ahumada, entrará en el congreso. El Rey respalda el golpe y lo primero que hará será llamarle a él, y en quince minutos estará en la Zarzuela, dando órdenes. El relevo de los guardia civiles será dado por la división Brunete. Milans por su parte se pone en contacto con Pardo Bazán, de la Brunete y aún no contactado, le pone al día y aunque a Pardo le parece todo muy precipitado, se compromete. Su misión será informar al general Juste de la Brunete, del inminente golpe de estado e instarlo a que se una a la sublevación, de negarse se le relevará de su puesto, que sería ocupado por Torres Rojas, antiguo general de dicha división, destinado ahora en Galicia, pero con un gran ascendente sobre los militares. Todo esto sucede en muy pocos días, en menos de una semana antes del golpe de estado.

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Desgranando el 23F VI, dimisión de un presidente

Suárez sabía todo lo que se estaba tramando a su alrededor. Tenía acceso a los informes del CESID, y de los diferentes golpes de estado en marcha perpetrados por los militares. Y estaba al tanto de la rumorología de la prensa, que hablaba de un gobierno de salvación nacional presidido por un militar, algo que a él le parecía una temeridad, contestó en una ocasión a los periodistas. Había aguantado las presiones del Rey para dimitir, pero cuando supo que se estaba gestando una moción de censura que sería apoyada por su propio partido, humillación que le dejaría sin futuro político y él esperaba todavía tener mucho futuro político, porque pensaba aún que en unas próximas elecciones ganaría, aunque no podía convocar elecciones anticipadas ya que con la crisis económica, la delincuencia juvenil y tantos problemas, no llevaba las de ganar. Pero pasado un tiempo podría volver, y cuando supo la traición que le esperaba, decidió colocar su jugada maestra: la dimisión. Una dimisión envenenada ya que nombraría a su sucesor, esperando así controlarle. La noticia causó estupor y sorpresa, ya que nadie lo esperaba. Cuando le comunicó al Rey su decisión, la tensión latente que hasta entonces corría, desapareció. Volvieron a ser amigos. Y más cuando Juan Carlos supo de boca de Calvo Sotelo, que rompiendo con la línea de Suárez, pediría la adhesión a la OTAN. De esa manera se olvidaba de planes políticos y militares que en realidad no le convencían del todo, teniendo muy presente lo que le sucedió a su abuelo. Pero el Rey aún no se había dado cuenta de que había albergado y animado un golpe de estado, aunque fuera para su fracaso y con la intención inicial de no ponerlo en marcha. Decepcionados estaban los políticos, principalmente González y Fraga, que ya tocaban con la yema de los dedos el poder, y que durante la ronda de conversaciones que tuvo con todos los partidos, éstos le presionaron para que no aceptara la solución Calvo Sotelo y creara el gobierno de salvación nacional. El Rey ya no quería albergar más planes. Su amigo Adolfo, al final se había portado como un caballero y amigo, y le había brindado la mejor solución y la menos comprometida. Pero precisamente eso fue lo que precipitó el golpe de estado.

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Desgranando el 23F V, el CESID o GODSA

El servicio de inteligencia español, el CESID, tal y como relata Jesús Palacios en su libro: “El golpe del CESID” (para mí probablemente el mejor libro sobre el 23F), fueron los verdaderos organizadores y creadores del golpe de estado. Algo que también desvela una reciente publicación “Desde el corazón del CESID” escrito por uno de sus antiguos miembros, o el publicado en su momento por Perote. No solo crearon y desarrollaron el golpe, sino que además, inmediatamente después de creado, hicieron todo lo posible para que fracasara, tal y como estaba previsto en los planes iniciales. No fue el CESID exactamente, sino más bien algunos de sus nombres, concretamente Calderón y José Luis Cortina (juzgado por la delación de Tejero, y absuelto  por falta de pruebas…), y otros más que no fueron juzgados excepto Gómez Iglesias, juzgado y condenado. También fue importante Antonio Cortina, hermano de José Luis, que dirigía una empresa de seguridad. Ellos fueron miembros de GODSA, un grupo de estudios creado por Fraga… de nuevo aparece la alargada sombra de Fraga…durante su exilio político en Londres, cuando Arias Navarro en el discurso de su toma de posesión como presidente abrió la posibilidad de legalizar grupos políticos. Fraga concibió este grupo de estudios para asesorar a esos grupos políticos que solicitaran sus servicios. Estas personas, los hermanos Cortina y Calderón, eran militares con instrucción en USA y posiblemente con conexiones con la CIA. Cuando el Rey nombró ministro a Fraga en su primer gobierno, éste aprovechó para introducir en el CESID a estos elementos. Jorge Vestringe, en aquella época mano derecha de Fraga, cuenta en sus memorias que un día se presentó en su despacho José Luis Cortina, le preguntó si AP podía reunir a 20.000 personas y realizar una marcha sobre Bilbao, para protestar por el terrorismo, una marcha que colocaría a Fraga como presidente llevándole en helicóptero a la Moncloa, en aquella época las marchas no eran cosa de broma, caliente estaba todavía la marcha verde, o las carlistas en un monte vasco que acabó a tiros y muertos. A Vestringe le pareció una temeridad y una locura que podía acabar mal y así se lo comunicó a Fraga, éste no se inmutó y le preguntó a Jorge su parecer, y repitió lo mismo, Fraga le interrumpió: “Bueno, bueno, a partir de ahora yo recibiré personalmente a José Luis Cortina”. Y nunca más volvió a saber nada sobre el tema. El CESID documentó todos los pasos previos que se dieron para realizar el golpe, documentación que posiblemente sigue bien guardada y que es el salvoconducto de estas personas para que no les pase nada, ya que ahí estarían las pruebas que involucran en el golpe a buena parte del espectro político de la época, muchos de ellos todavía en activo. El CESID ayudó, mediante Gómez Iglesias, a subir a los guardia civiles en los autobuses, y escoltó a estos hasta el congreso para que no tuvieran ningún percance. Después se dedicaron a destruir o desaparecer pruebas y colaborar con Laína para desmantelar el golpe. Jesús Palacios culpa al CESID del golpe, pero en mi opinión ellos solo fueron los ejecutores, los hilos los movía Fraga.

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Parte de la Primera Guerra Mundial Económica, Año 5, Putin llora.

El frente del Mediterráneo se ha trasladado a las playas de Siria. En este caso el objetivo americano no es la Unión Europea, sino Rusia, para lo cual ambos bandos se han unido en contra del mafioso estado ruso, que bloquea en la ONU junto con China, cualquier decisión que pueda arrebatarle un gran comprador de armas. Rusia, que se quitó el yugo comunista con dinero americano y del Vaticano, entregado a manos llenas a los comerciantes rusos del mercado negro, que así se enriquecieron y ahora pululan por el mundo cual Alcapones. Su mejor marioneta es Putin, que ha logrado vencer en la batalla de las urnas y para lo cual ha debido de sudar la gota gorda, es decir ha debido de gastar mucho dinero. Por eso lloraba a lágrima viva. Los observadores internacionales han detectado irregularidades en un tercio de las urnas. No importa, Rusia se lo devolverá con creces. Si hace falta dejará caer a Siria, pero se resistirá todo lo que pueda, cada día que pasa Rusia se enriquece más con todas las armas que necesita el dictador sirio. Los rebeldes sirios reciben dinero americano, pero las armas se las compran a Irán… y ahí está el próximo frente. Israel y Obama ya han pactado que USA protegerá las espaldas a Israel pase lo que pase. Obama le ha pedido tiempo, que no se lance todavía. ¿Esperar? ¿A qué? ¿A que Irán consiga la bomba atómica o sea inminente su consecución? No, Obama, premio Nobel de la Paz, esperará al mejor momento electoral para dejar que Israel ataque y USA le dé la cobertura necesaria. El dinero judío demócrata fluirá cual río por Wall Street. Hillary Clinton se lo debe de haber explicado muy bien, ya que su marido ganó así unas elecciones con otra guerra, esta en Yugoslavia. Puede que no tengamos una nueva guerra mundial, pero el mundo no deja de estar en guerra. Tengan cuidado ahí fuera. La guerra continua.